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Espacio Historia del Arte

Blog Educativo (Formación + Investigación): Conocer para valorar

miércoles, 16 de marzo de 2016

VI Aniversario de Espacio Historia del Arte - La estatua ecuestre de Marco Aurelio


En primer lugar: recordaré a mis lectoras y lectores, que hoy es un día especial para nosotros. Se cumple el VI Aniversario, de la existencia de mi blog educativo: Espacio Historia del Arte (EHA). Este lugar virtual nació el 16 de marzo de 2010. Durante estos años de su persistencia, ha sido un medio de mostrar mis artículos, sobre ciertas obras artísticas, así como ofrecer las explicaciones pertinentes, acerca de cada una de ellas, con una pura finalidad didáctica. Yo sé que esta bitácora recibe muchas visitas, y que se ha convertido en un centro de consulta; en una base de datos de fácil acceso. Sin embargo, debo precisar que hay unas pautas, a la hora de usar estas informaciones. Si solamente se trata de leer los escritos, no sucede nada alarmante, ni que sean utilizados, en la creación de simples apuntes de clase (del alumnado); siempre y cuando no pasen de ser: un cuaderno de uso personal.

Sin embargo, si los visitantes emplearan estos textos para trabajos académicos, con la intención de presentarlos a un evaluador de la materia, como una tarea de la asignatura, deberán indicar la fuente consultada. El título del artículo que han estudiado, la fecha del mismo, el nombre de mi blog, su dirección y el autor. Es decir, mi personalidad: mi nombre y mi apellido. En el caso de copiar directamente una frase, o un párrafo, habrán de encerrarlo entre comillas, poniendo la letra en cursiva; teniendo en cuenta todo lo anterior. Por ejemplo: “Texto seleccionado”; acompañado de su correspondiente nota a pie de página. Y sin olvidar de situar la referencia, en la lista de la bibliografía, o en el listado de páginas webs; ordenándose alfabéticamente, por el encabezamiento de autores de libros, o de artículos, que se hayan examinado, en el trabajo del alumno o alumna; a la hora de efectuar esa labor hipotética.

No vale copiar y pegar de mala manera, cualquier cosa. Ningún profesor se tragará ese pastiche. Ya sabrá de antemano, si son palabras tuyas, o robadas de otras personas, con el procedimiento ilegal. Si copias sin mencionar, te suspenderá esa tarea, cualquier profesor o profesora. Acostúmbrate a citar las fuentes, por tu propio bien. No te cuesta dinero. Y ya que no pagas al autor (ni un céntimo), como mínimo: nombra al experto, porque se ha quemado las neuronas; para que tú vivas mejor, encontrando las cosas hechas, en una bandeja de plata.


En segundo lugar: dedicaré este evento, a la estatua ecuestre de Marco Aurelio, para comentar su historia y sus características, en este artículo conmemorativo. En realidad, se trata de una pareja escultórica, aunque la historiografía tradicional se ha preocupado más, del personaje retratado (el jinete), que de su caballo; cuya cabeza enérgica, ha pasado desapercibida, a ciertos eruditos; los cuales se han quedado estancados, con el aparente equilibrio del corcel. Y me parecen más importantes los detalles, que la simple silueta estática; que no es un mero soporte que eleva al mandatario.

Si algún día visitas la plaza del Campidoglio (en Roma), podrás sorprenderte de este gran escenario urbano, en la colina del Capitolio. Un lugar emblemático, que fue inventado por Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564), y que sería completado, por los arquitectos sucesivos; los cuales respetaron el diseño establecido, por aquel genio del Renacimiento. La simetría del planteamiento, con dos palacios enfrentados, y el palacio del Senador (= Ayuntamiento) al fondo; como si fuera todo, un enorme bastidor de un teatro imaginario. Instalando en el centro una plataforma, encima de la estrella de doce puntas del suelo; que irradia una serie de líneas grises; encerradas en un óvalo magno; adelantándose a una concepción barroca.


Cuando entres a la plaza, verás a tu derecha el palacio de los Conservadores; mientras que a tu izquierda, estará el palacio Nuevo. Y delante de ti, aparecerá majestuosamente, el monumento del emperador Marco Aurelio (121-180); el cual ejerció su mandato, desde el 161 y hasta el 180 de nuestra era. La estatua de bronce que vemos hoy en día, en esta plaza Capitolina, es una copia moderna, de un original antiguo; ubicado en los Museos Capitolinos. En concreto, se halla en una exedra, o sala cubierta de vidrio; detrás del palacio de los Conservadores. Hay que aclarar: que los fondos de arte romano, pertenecientes a dichos museos, están distribuidos entre los dos palacios gemelos.


Yo centraré mi atención, en la escultura ecuestre antigua. Una estatua de autor anónimo. Una composición escultórica realizada en bronce; con la técnica de la cera perdida; y que fue recubierta de un esmalte dorado. El cual se ha perdido en su mayoría, con el transcurso de los siglos. Supuestamente, existen 424 cm de altura; iniciándose en la pezuña del caballo, y completándose en la parte superior, de la cabeza del emperador filósofo. Su cronología se discute, en el 176, o en el 180 d.C., tras la muerte de Marco Aurelio. No han llegado a nuestros días, fuentes pretéritas que la hubieran citado.

A partir de la Edad Media, sí recibe el interés de los visitantes de la ciudad eterna. En esta época, esta obra artística se creyó erróneamente: un retrato de Constantino I; el césar que permitió el cristianismo. Debido a esa equivocación, ha sido y es la única estatua ecuestre, de un emperador romano, que ha llegado a nuestro presente. Puesto que las otras se fundieron en el pasado, para realizar monedas, o estatuas de iglesias cristianas; ya que eran consideradas ídolos paganos.


En 1537 el papa Pablo III (1534-1549), encargó a Miguel Ángel, la reforma de la colina Capitolina. Esto abarcaría una plaza amplia, con una escalinata de acceso; cercada por dos palacios; y sumando una remodelación del Senatorial; que en aquella época era una construcción medieval. Esta intervención urbanística, con el objetivo de embellecer una zona marginada, se ejecutaría en varias fases, participando otros arquitectos; los cuales seguirían el diseño de Buonarroti (1537-1546). El palacio de los Conservadores se hizo entre 1537-1558, mientras que el Nuevo, fue acabado en 1654. Y el pavimento de la plaza se completó en 1940.

En enero de 1538, por orden del pontífice (antes indicado), la estatua ecuestre de Marco Aurelio, fue desmontada de la plaza de San Juan de Letrán, y trasladada a la nueva plaza del Capitolio, donde Miguel Ángel estableció un pedestal digno, que armonizó con esa escultura grandiosa. La cual permanecería en el Campidoglio, de 1538 a 1981. Hay que recordar: aquel atentando terrorista, que sufrió el Ayuntamiento de Roma, en su portada, el 20 de abril de 1979, al explosionar una bomba, y que afectó a su fachada y al monumento del emperador. Por lo cual fue necesario, el proceso de restauración de esta obra artística, que se demoraría en el tiempo. Y así, la efigie estuvo retirada del público. El verdadero Marco Aurelio se volvió a ver: el 23 de diciembre de 2005; expuesto definitivamente, en la sala nueva (acristalada), del palacio de los Conservadores. Por el contrario, encima de la plataforma de la plaza, se instaló una reproducción exacta (en bronce), porque no se podía dejar vacío el lugar.


El césar está montado en su caballo, deteniéndose por un instante, ante un enemigo derribado; un bárbaro que todavía existía en el Medievo, y que desapareció inexplicablemente. El corcel levanta y flexiona la pata derecha (delantera); tal vez con la intención de pisotear al adversario vencido. El caballo tuerce un poco la cabeza, a su derecha, con la boca abierta; como si estuviera algo furioso. El jinete también gira la cabeza hacia la misma dirección; extendiendo la mano diestra; con un gesto de contener a las tropas; como un pacificador, en un acto de clemencia. Él lleva puesta la túnica corta y el manto (paludamentum), en los cuales sobresalen diversos pliegues. Pero el mandatario no utiliza la coraza, ni las armas. Está representado como un sabio estoico; el cual impone su voluntad a los demás, a través del sentido común, y no con la fuerza militar. Su rostro sereno luce bigote y barba, siguiendo la moda de sus predecesores; promovida por Adriano (117-138).

Para que te hagas una idea, del pensamiento filosófico de Marco Aurelio, te muestro a continuación, un pasaje de la gran obra escrita por él: “A todas horas, preocúpate resueltamente, como romano y varón, de hacer lo que tienes entre manos con prontitud y no fingida gravedad, con amor, libertad y justicia, y procúrate tiempo libre para liberarte de todas las demás distracciones. Y conseguirás tu propósito, si ejecutas cada acción como si se tratara de la última de tu vida, desprovista de toda irreflexión, de toda aversión apasionada que te alejara del dominio de la razón, de toda hipocresía, egoísmo y despecho en lo relacionado con el destino. Estás viendo cómo son pocos los principios que hay que dominar, para vivir una vida de curso favorable y de respeto a los dioses. Porque los dioses nada más reclamarán a quien observa estos preceptos”. (Meditaciones, II,5).

En el Renacimiento italiano, la estatua ecuestre de Marco Aurelio, servirá de inspiración a dos escultores célebres, que realizarán dos monumentos destacados. Donatello (1386-1466) hizo la estatua  de Erasmo da Narni (il Gattamelata), entre 1447-1453; levantado en un alto pedestal, en la plaza del Santo, en Padua. Y Andrea del Verrocchio (1435-1488) proyectó el monumento a Bartolomeo Colleoni, en 1479. Pero la obra fue concluida por Alessandro Leopardi (1466-1512); tras la muerte de Verrocchio; y está expuesta en Venecia.

Monumento ecuestre al Gattamelata. Padua.

   
Monumento ecuestre al Colleoni. Venecia.


Referencias bibliográficas:

ÁLVARO LÓPEZ, Milagros: Historia del Arte – Bachillerato 2, Anaya, Madrid, 2009.

AURELIO, Marco: Meditaciones (trad. Ramón Bach Pellicer), Gredos, Madrid, 1997.

BONET CORREA, Antonio: Las claves del urbanismo, Planeta, Barcelona, 1995.

CHILVERS, Ian: Diccionario de Arte (adaptado a la edición española), Alianza, Madrid, 1995.

GARCÍA Y BELLIDO, Antonio: Arte romano, CSIC, Madrid, 1990.

HALE, J. R. : Enciclopedia del Renacimiento italiano (versión española de Fernando Villaverde), Alianza, Madrid, 1984.

INGELMO SÁNCHEZ, Ángel: Roma y ciudad del Vaticano, Gaesa, Madrid, 2006.

JANSON, H.W. / JANSON, Anthony: Historia del Arte para jóvenes (trad. Rafael Lassaletta y Francisco de Benito), Akal, Madrid, 1988.

MADRUGA REAL, Ángela: Historia del Arte del Renacimiento, Planeta, Barcelona, 1994.

MASO, Leonardo B. dal: Roma de los césares (trad. Enrica Errera), Bonechi, Florecia, 1995.

RAMÍREZ, Juan Antonio (dir.): Historia del Arte, I – El Mundo Antiguo, Alianza, Madrid, 2008.

viernes, 4 de diciembre de 2015

Volver a escribir, después de un tiempo de ausencia - El retrato de Jovellanos


Cuando abandoné la casa Batlló, sabía firmemente, que había puesto el listón muy alto. ¿Y ahora qué? Si tenía miles de obras artísticas, esperando por mí, o por alguien que las rescatara del olvido; no era precisamente una tarea fácil, tomar una decisión incuestionable; que me dejara libre, ese camino a seguir, después de una contienda estética. Que nadie crea: que yo estuve viajando por todo el planeta, buscando tesoros extraordinarios, durante este verano pasado. Mi ausencia ha tenido otros motivos. No hay que llevarse por los rumores, de aquellas criaturas imaginativas, que al ver fotografías de monumentos, vuelan con sus fantasías, más allá de la realidad del presente. Por supuesto, que me hubiera gustado aventurarme, en una expedición singular; como haría cualquier otro historiador; en un lugar, donde yo pudiera perderme (metafóricamente); abriéndome paso, con un machete en la mano; cortando la maleza de una selva profunda; averiguando el rastro de una intuición poderosa; gracias al olfato de Paddy; para poder descubrir las ruinas de una civilización extraviada; la cual jamás ha sido vista. Y por lo tanto: no aparece en las enciclopedias convencionales.


En realidad, estuve entretenido en varios asuntos domésticos, en la estación estival. Y luego, en los meses siguientes, me embarqué en unas actividades formativas (propias del profesorado); que nos prepara sólidamente, contra las batallas educativas. A pesar de los pesares, he tenido que acordar unos momentos libres, en los cuales revisaba, todas las entradas de mi blog educativo, con el objetivo de: mejorar y actualizar mis publicaciones anteriores. Desde la primera entrada, hasta la última. Por ello, mis lectoras y lectores tendrán que leer (nuevamente) mis artículos, porque existen pequeñas sorpresas, en sus contenidos. También, he facilitado una mejor localización de la etiquetas de mis archivos; renombrando algunas de ellas. Así están ordenadas alfabéticamente, con palabras claves y títulos más significativos. Estas labores han sido posibles, con el uso de la máquina del tiempo. Un truco técnico muy ventajoso, que está detrás de la simple apariencia.

Me pareció recomendable: hacer un alto en el camino. Realicé una reflexión general. Me senté en un sitio cómodo, fuera del ruido y de la distracción. Me encerré con llave en mi cuarto de estudio, y valoré: ¿Qué cosas hice en el pasado? ¿Y qué puedo hacer hoy en día? Pues no quisiera repetir ciertos temas; pero siempre aparecerá alguien, que me tirará de la lengua. Esta variable habrá que tenerla prevista, y resuelta, con su contestación contundente. Ya que algunas personas, todo lo quieren saber de repente. Y no podemos ofrecer un remedio precipitadamente. No será por no tenerlo, sino porque no conviene; ni al sistema impuesto, ni a nosotros mismos. Cuando tengan necesidad o curiosidad, vendrán a nosotros; puesto que guardamos cautelosamente, esas llaves de la máquina del tiempo. Si ellas tuvieran nuestros dispositivos de apertura, no sabrían utilizarlos. Y un listillo sería tonto de remate, si copiara una respuesta superficial, en algún rincón oscuro de Internet.


¿Y qué podría hacer este individuo frívolo? ¿Vivir en la completa ignorancia, o caer en manos del especialista de turno? Sabiendo que él y el otro persiguen intereses personales, muchas veces contradictorios. Deducimos de esta situación: que la búsqueda de la verdad será desinterasada. Pues el interés por saber, puede comprometernos con una causa. El hecho de saber por conocer, nos liberará del egoísmo humano. Sin embargo, saber algo para competir, nos destruiría, a medida que avanzáramos en esa dirección equivocada. Porque la verdad, por muy inofensiva que nos parezca, tendrá sus consecuencias… Lo mismo que una falacia. Así que me atrevo a preguntaros: ¿Estaríamos dispuestos a recibir la verdad, si estuviera encerrada en un cofre, sin haberla visto antes? Hay que tener en cuenta el refrán: “Ojos que no ven, corazón que no siente”.


Francisco de Goya: Retrato de don Gaspar Melchor de Jovellanos. 1798. Óleo sobre lienzo, 205 x 133 cm. Museo del Prado (Madrid).

El cuadro de Jovellanos (1744-1811), uno de los mejores retratos que pintó Goya (1746-1828), todavía sigue siendo un misterio. ¿En qué estaba pensando “El Ministro”? Pues así lo denominaba el artista, a su apreciado amigo ilustre. Por cierto, que la admiración era recíproca. La cordialidad entre ambos era manifiesta. A pesar de las opiniones controvertidas acerca de este mandatario. No dejará de sorprendernos, la nobleza del rostro, su perfecto acabado, de pincelada suave; en contraste con el vestuario y los elementos decorativos; con una pasta pictórica algo más densa. El personaje está sentado al lado de una mesa; inclinado y apoyado sobre la mejilla izquierda. Se atreve a mirarnos, como si estuviera encantado, escuchando una conversación. En la mano derecha vemos un papel doblado a la mitad, y abierto. En un borde se puede leer, utilizando una lupa: “JOVELLANOS POR GOYA”. Se considera con probabilidad, que este lienzo se pintó en Aranjuez, en abril de 1798. Siendo en ese momento, el ministro de Gracia y Justicia. Cargo que aceptó el 10 de noviembre de 1797, y que cesaría el 16 de agosto de 1798. Su actitud pensativa ha sido identificada por algunos autores, con la representación o símbolo de la Melancolía. Y se resalta su carácter de intelectual, acompañado por una escultura de bronce de Minerva; deidad que preside la Sabiduría y las Artes. En el escudo de la figura, aparecen las armas del Real Instituto Asturiano de Náutica y Mineralogía; que había sido promovido por este consejero, escritor y poeta.


La obra pictórica ha sido relacionada con el grabado 43, o El sueño de la razón produce monstruos (1797-1798), publicado en Los Caprichos (1799). Una colección de ochenta estampas, con asuntos caprichosos y satíricos; realizados mediante una técnica mixta de aguafuerte, aguatinta y correcciones de punta seca. Aunque este grabado aludido sería una pesadilla que atormenta al artista, abatido sobre una mesa, en dirección contraria al cuadro anterior. La diferencia es tan grave, como la noche y el día. En fin, ¿quién puede ofrecer más interpretaciones?


Un turista fotografiando el cuadro de La maja vestida. Goya sigue hechizando a los admiradores de sus obras. ¿Qué tiene la pintura de Goya que no pasa de moda?

Referencias bibliográficas:

ARAUJO SÁNCHEZ, Ceferino: Goya y su época – Las artes al principiar el siglo XIX, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cantabria, 2005.

ARIAS ANGLÉS, Enrique: Goya, Editorial Debate, Madrid, 1996.

BOZAL, Valeriano: Goya, Alianza, Madrid, 1996.

CARRETE PARRONDO, Juan: Goya – Estampas – Grabado y litografía, Electa, Barcelona, 2007.

GLENDINNING, Nigel: Arte, ideología y originalidad en la obra de Goya (trad. Marta García Gato), Ediciones de la Universidad de Salamanca, 2007.

VVAA: Museo del Prado – Catálogo de Pinturas, Ediciones El Viso, Madrid, 1996.

lunes, 1 de junio de 2015

Casa Batlló (1904-0906) - La guarida del dragón


La célebre casa Batlló está situada en el Paseo de Gracia (Passeig de Gràcia), número 43, en Barcelona. Es un edificio de varias plantas; compuesto por unos pisos de lujo; los cuales han pasado por diversos propietarios, a lo largo de su historia. En su origen, esta obra arquitectónica fue construida entre 1875-1877, siguiendo un diseño convencional, del arquitecto Emilio Sala Cortés (1841-1920). Nadie sospecharía en aquel momento, lo que depararía el futuro a esta edificación. Hasta que en 1903, este bloque de viviendas fue comprado por Josep Batlló i Casanovas (†1934); un rico empresario de fábricas textiles. El nuevo dueño encargó la reforma de la casa, al genial Antoni Gaudí i Cornet (1852-1926). El arquitecto catalán más representativo del modernismo español, quien llevaría a cabo una remodelación completa (en varias fases), desde el sótano hasta la cubierta; con todos los elementos complementarios; tanto internos como externos; durante 1904 y 1906.

Existen dos niveles en el subsuelo. En el nivel de la calle está la planta cero. Encima, la planta noble o el piso 1; la residencia Batlló (originariamente). Luego se superponen una serie de pisos, manteniéndose el esquema planimétrico de Sala; aunque Gaudí inventaría la planta 5; para destinarla al personal de servicio. La fachada que se muestra a la calle, la más asombrosa, sin lugar a dudas, es el único paradigma de toda la Historia de la Arquitectura. Es por esto, por lo que ha concentrado siempre, la atención de todos los especialistas en la materia artística. Siendo una obra capital en cualquier prueba académica; por la variedad de sus detalles, y la propia concepción creativa de Gaudí. Un reflejo de su gran fantasía, y de su maestría artesanal; en la minuciosidad de la decoración. La plasticidad de la composición rompió con los prototipos tradicionales, de las modas historicistas. Las formas naturales y orgánicas de la estructura, no son un mero ornato sobrepuesto. La casa Batlló no parece una obra arquitectónica, a simple vista. La vivienda se ha convertido en una forma escultórica. Algo extraordinario que asombró al público de la época, y que sigue impresionando, a todos los turistas que visitan esta construcción imaginativa.




¿Qué hacen esos antifaces en los balcones? ¿Por qué el tejado tiene forma de espinazo de un saurio? ¿Cuántas veces la gente se lo pregunta? Mientras los expertos discutimos la hipótesis del animal prehistórico; o seguimos el camino de la conjetura del dragón; cada persona podrá ver lo que quiera. Lo que sí está claro: que esta casa no deja indiferente a nadie. Normalmente, nos atrae su característica singularidad. El paramento se alterna de piedra natural (arenisca gris), seguida por piezas de cerámica de diversos colores. Así Gaudí se diferencia de lo que hacían otros arquitectos del modernismo. Véase la amplia galería de la planta noble. También, la entrada con los seis puntales de piedra, unidos entre sí, por cinco arcos. Estos soportes parecen las patas de un paquidermo. La articulación volumétrica es cóncava y convexa, y nos trae a la mente unas formas óseas. En contraste, si observamos el muro exterior de los pisos más altos, descubriremos una policromía refulgente, por el revestimiento de la cerámica vidriada; con un color principal de azul verdoso; cuyo matiz varía, a medida que transcurren las horas y las luces solares del día.

Las desconcertantes aberturas de la tribuna, en la planta noble, con sus vidrieras polícromas, pueden evocar las fauces abiertas de un animal prehistórico, o las alas desplegadas de un murciélago. Asimismo en el interior del edificio prevalecen las formas redondeadas; tanto en las puertas como las ventanas. Unas creaciones originales; productos de la exuberante imaginación de Gaudí. Precisamente, en la vista que da a la calle, sobresale una torreta cilíndrica; inscrita en la parte superior de la fachada; y que oculta una escalera de caracol. El aspecto bulboso del coronamiento recuerda una cabeza de ajo, terminada en una cruz de cuatro brazos; la cual ha sido interpretada como la empuñadura del arma de San Jorge, clavada en el dragón. Hay que tener en cuenta: que el arquitecto era un católico muy devoto. Por ello colocó unos anagramas religiosos. Una manera de bendecir su propia obra; formando parte de la decoración exterior; combinando los discos y los fragmentos cerámicos.



El inmueble se remata con una cubierta insólita; la cual nos recuerda la espina dorsal de un saurio; en tanto que las chimeneas de la techumbre, después de los áticos, se igualan a una cresta de ola; o una reunión de inquietantes criaturas. El tejado está formado por tejas japonesas (escamas) de cerámica vidriada; las cuales oscilan entre los colores: ocre, azul y verde. Todo un abanico de efectos, que pretenden materializar su fuente de inspiración. Merecidamente ha sido y seguirá siendo: uno de los edificios más emblemáticos de la Historia del Arte; muy admirado y fotografiado por millones de entusiastas; alcanzando la cima de la popularidad. Al mismo tiempo que nos sugiere nuevas ideas, y nuevos afanes por recrear esta edificación modernista, en un ser especial, de una animación virtual. Su poder de fascinación no conoce los límites de la mente.


Detalle de la escalera principal. Los pasamanos y las paredes de apariencia sinuosa y orgánica. Algo similar al interior del intestino, de un animal gigantesco.


Techo del descanso de la escalera. Justo antes de la entrada a la sala noble. Una espiral que retuerce la cubierta. Y una lámpara que parece un girasol.


Interior de la planta 1. Piso noble. Sala de la residencia Batlló. La luz que entra por las vidrieras produce unos efectos coloreados, muy apreciados por los fotógrafos.


Fotograma de una animación virtual. Muchos artistas se han inspirado en esta obra arquitectónica, para realizar otras creaciones; experimentando con su encanto mágico.