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Espacio Historia del Arte

Blog Educativo (Formación + Investigación): Conocer para valorar

viernes, 2 de noviembre de 2012

El Sena en Argenteuil (1873) - Obra de Renoir


Este cuadro se halla en el Museo de Arte de Portland (Oregón, USA). Fue pintado al óleo por Pierre-Auguste Renoir (1841-1919), durante el verano de 1873. El artista estaba practicando el estilo impresionista, con su amigo Claude Monet (1840-1926), en Argenteuil. Una comuna del departamento de Valle del Oise, en la región de “Isla de Francia”; en la ribera derecha del río Sena; situada a 11 km del noroeste de París.

Se titula de varias formas similares: “El Sena en Argenteuil”, “El río Sena en Argenteuil” y “Velas en el Sena en Argenteuil”. Este pequeño lienzo (50 x 65 cm) no es precisamente famoso. Quizá otros motivos de Renoir lo habrán arrinconado. Es un paisaje como otros muchos que realizó. En los que apreciaba los cambios lumínicos sobre la naturaleza, los seres vivos y los objetos. No obstante, sus retratos y sus mujeres desnudas, han eclipsado a sus panorámicas. De ahí que los publicistas prefieran el erotismo, de buena parte de su producción artística.

Hay que tener en cuenta, que Renoir, Monet, Sisley y Bazille son considerados los padres fundadores del impresionismo. Que pintaron al aire libre principalmente; aunque retocaran las obras pictóricas, más tarde, en sus moradas. A ello contribuyó la pintura al óleo, en tubos de cinc; fácilmente transportables; y la influencia del barrido fotográfico. No hay que olvidar, que la primera exposición de los pintores impresionistas, tuvo lugar en 1874, en la galería del fotógrafo Nadar (1820-1910).

El nuevo estilo se caracterizó: por la utilización de pinceladas sueltas, vivas e incisivas, en forma de comas. Además del cuidado contraste de los colores. Revelando un efecto de transitoriedad; a través de las gamas cromáticas; producidas por la luz; a lo largo del tiempo de ejecución, de cada cuadro. Es como si la obra pictórica no se terminara nunca. Siendo una continua pugna, entre la luz y el color; produciendo una ligera sensación de movimiento. Tal y como se ve en los destellos acuáticos del Sena, en este lienzo.

En un extremo de una pasarela aparece un hombre de pie; imposible de identificar; que observa una embarcación de dos velas; reflejadas en el río; mientras unos patos flotan en la orilla. Otro personaje controla la barca. Al fondo distinguimos otros veleros y la ribera opuesta; con una arboleda distante; coronada por una atmósfera densa. Todos ellos son elementos experimentales, en una nueva manera de ver y de pintar, la realidad circundante.

jueves, 18 de octubre de 2012

Mujer ante el espejo (1827) - Obra de Georg Friedrich Kersting


Imagina por un momento: que estás sentado en una silla de esta habitación; de una casa de la época; en un lugar recóndito de Alemania. Puedes ver las ondulaciones de las cortinas, que resguardan la parte superior de los ventanales. La luz del día entra por estas altas ventanas. El centro de la estancia, lo domina la claridad de la ventana derecha; a través de la cual, apreciamos un paisaje lejano y difuminado; mientras que la ventana izquierda, queda recortada y adornada, con una planta en su maceta.

Entre ambos transparentes, pende de la pared un espejo; encima de una cómoda. Delante aparece una mujer joven (de pie). Ella lleva puesto un vestido interior; largo y de color blanco. La doncella está haciéndose una trenza, en su larga cabellera (sedosa). Distinguimos su rostro, su cabello y sus dedos, reflejados en el cristal. Ella ignora nuestra presencia; pues somos unos visitantes atrevidos e invisibles; que nos hacemos partícipes de su intimidad.

Una silla vacía rellena la esquina derecha. En primer plano sobresale una mesa redonda; de trípode; cubierta por un vestido doblado y otros tejidos. Incluso, nos llama la atención, un elegante sombrero; femenino. Estos elementos nos informan de la acción de la mujer; la cual está preparándose para salir; ya que todavía no ha completado su vestuario. Simplemente, se ocupa de la elaboración de su trenza.

Este pequeño cuadro (46 x 35 cm), realizado por el pintor alemán Georg Friedrich Kersting (1785-1847), según la técnica del óleo sobre lienzo, está en el Kunsthalle de Kiel (Alemania). Nos recuerda el estilo de los pintores holandeses del siglo XVII; en concreto a Jan Vermeer (1632-1675). Aunque Kersting destaca por el uso de la “domesticidad”; el sentimiento lírico; la descripción del ambiente y los objetos. Muy interesado por los efectos lumínicos, para crear una atmósfera silenciosa.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Fachada de la Universidad de Valladolid


Esta fachada barroca se encuentra limítrofe, a la plaza de la Universidad (antigua plaza de Santa María); acogiendo en su interior, a la Facultad de Derecho. El origen de esta obra arquitectónica, se debió al patrocinio del arzobispo de Burgos, D. Manuel Francisco Navarrete Ladrón de Guevara; el cual otorgó una cátedra de Teología en 1714; aportando los fondos necesarios, para el mantenimiento de la materia, y contemplando la ampliación de la sede universitaria. Fue inevitable un arreglo con el Cabildo de la catedral; propietario de los inmuebles de la zona elegida; firmándose el acuerdo el 15 de marzo de 1715. De varios planos propuestos, se optó por el diseño de Fray Pedro de la Visitación; que recibiría la ayuda del Hermano Antonio, en la dirección de la obra.

En cuanto al programa escultórico y decorativo; ideado por Fray Pedro; se requirió un equipo de artistas, prefiriendo a la familia Tomé. Antonio Tomé (1696-1742); que vivía con sus hijos Narciso y Diego, en Toro; trasladó su taller a Valladolid en 1715. Por la elaboración de las estatuas, los capiteles y los escudos, cobraría la cuantía final, el 20 de octubre de 1716.

Los elementos constructivos fueron ejecutados, con piedra extraída de las canteras de Campaspero (localidad vecina); en un aparejo de sillería de calidad. En cambio, las esculturas y los adornos se hicieron en caliza compacta y blanca; procedente de las canteras de Castrojimeno; junto a Sepúlveda (Segovia).


Este edificio barroco está compuesto de dos plantas, con una clara tendencia horinzontal, que se contrapone a la verticalidad de la portada. La parte más noble y el eje central que divide la puerta, en una línea imaginaria. El alto zócalo de la primera planta, sustenta unas pilastras laterales, que unen los dos pisos; mientras los balcones corridos, separan los límites de los cuerpos superpuestos. Cuatro ventanas en el bajo, y cuatro puertas de cristalera en el alto. El friso del entablamento está decorado con guirnaldas. Encima, hay una balaustrada con pedestales, que sostienen estatuas de cuatro reyes de España; en los extremos laterales; de izquierda a derecha: Alfonso VIII, Juan I, Enrique III y Felipe II.

El frontispicio destaca poderosamente por su altura. Muestra una estructura de retablo. Cuatro columnas corintias de fuste liso, en orden gigante, sobre altos pedestales. El gran escudo universitario ocasiona una curvatura en la cornisa. En la balaustrada superior hay unas basas, soportando cuatro alegorías: la Astronomía, la Medicina, la Filosofía y la Historia.

En el ático se repite el esquema de las cuatro columnas, pero de menor tamaño. Todo está concluido por un entablamento, coronado por un frontón ondulante, y un óculo central. El ático ampara la figura de la Sabiduría; la cual vemos en un nicho hexagonal.

Las cinco últimas alegorías aparecen en las hornacinas. Las dos inferiores, próximas a la puerta: la Retórica y la Geometría. Sobre el portón, en la hornacina central: la Teología; flanqueada por dos escudos de Castilla y León. A los lados: la Ciencia Canónica (Derecho Canónico) y la Ciencia Legalis (Derecho Civil).

miércoles, 3 de octubre de 2012

Fuente de la plaza del Adelantado (La Laguna - Tenerife)


Esta fuente ocupa la zona central de la plaza del Adelantado; en la ciudad de San Cristóbal de La Laguna (Tenerife). La plaza está en el casco histórico. A su alrededor sobresale entre lo más importante: el Ayuntamiento, el convento de Santa Catalina de Siena y la ermita de San Miguel Arcángel. El nombre de “Adelantado” recuerda al fundador de la ciudad: D. Alonso Fernández de Lugo (†1525). Controvertido personaje, que conquistó las Islas de La Palma y Tenerife. Y que estableció su casa, a principios del siglo XVI, en un lugar cercano a la plaza mayor de la Villa.

Su tamaño ha perdurado durante los siglos, pero su aspecto ha cambiado progresivamente. La explanada originaria era de tierra; simplemente. Y fue enlosada por primera vez en 1798. En 1843, se remozó el interior, plantando árboles e instalando asientos. La fuente de mármol fue traída de Marsella (Francia), el 20 de marzo de 1869, por la Sociedad Ghirlanda Hermanos. Llegó a bordo del barco "Marie Honoré". Y fue instalada en 1870. Se conjetura que puede pesar unas 30 toneladas. La fontana se restauró en el 2002, por un grupo de especialistas, de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de La Laguna; siendo la coordinadora de la restauración, la catedrática de escultura: Maribel Sánchez.

Este surtidor monumental y decorativo, muestra una clara reminiscencia clásica; aunque esté fuera de época. El orden, la simetría y la simplicidad, configuran esta obra artística. La verticalidad se exhibe en un alto pedestal, de base octogonal, dividido en 3 partes: la inferior, rodeada de 4 columnillas toscanas; la intermedia, con 4 columnillas jónicas; y la superior; de superficie lisa; sin soportes; ya que está rematada por 4 mascarones (rostros de genios de los puntos cardinales), en la cornisa octogonal. Encima hay una peana con una vasija ornamental.


Las partes horizontales son los recipientes del agua. El primer nivel, lo forma la gran taza circular, de la base de la fuente. El segundo nivel, se compone de 4 tazones lisos y acoplados; con 4 cabezas de leones; una por cada punto cardinal. Y el tercero, aglutina a 4 tazas en forma de conchas. La unión de todos estos elementos confieren una armonía calculada.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Caminante ante un mar de niebla


Este lienzo famoso (98, 4 x 74,8 cm) de la Galería de Arte (Kunsthalle, en Hamburgo), suele denominarse con otros títulos similares: “Viajero frente al mar de niebla”, “Viajero contemplando un mar de nubes” o “El caminante sobre el mar de nubes”. Es una obra del pintor Caspar David Friedrich (1774-1840); efectuada al óleo, entre 1717 y 1718.

Friedrich es el artista más importante del Romanticismo alemán; que sobresalió especialmente en la pintura paisajística; a pesar de conservar la nacionalidad sueca, durante toda su vida. Siempre estudió la Naturaleza; absorbiéndola en sus numerosos apuntes; con los que posteriormente crearía “escenarios naturales”; que solamente existían en su interior. Él profundizaría en ella, y revelaría la espiritualidad del paisaje. Enseñó el concepto de espacio ilimitado, que desborda nuestros sentidos.

Era un artífice que permanecía mucho tiempo delante de su lienzo; esperando por la imagen que iba a pintar. Precisamente aconsejaba: “Cierra tu ojo corporal, de manera que puedas ver tu cuadro primero con el ojo espiritual. Luego saca a la luz del día lo que has visto en la oscuridad, de manera que pueda reaccionar ante otros que proceden del exterior”.

El caminante (o el viajero) aparece en el centro del cuadro. Se ha detenido encima de un peñasco; al borde de un precipicio cercado de niebla. Esta figura misteriosa se apoya en un bastón, y nos da la espalda. Deducimos que es un hombre; por su vestuario antiguo (alemán), una levita oscura y un pantalón. También, vemos su corte de pelo. Algunos mechones son movidos por la brisa, en la parte superior de la cabeza, en el lado izquierdo.

Tradicionalmente el personaje misterioso ha sido identificado con el autor; ya que Friedrich había visitado el lugar. El Malerweg de la “Suiza Sajona”; la parte más oriental de Sajonia. Caracterizada entre otras cosas, por las formaciones caprichosas de sus montañas de arenisca. La gran roca que sostiene al hombre, simbolizaría la fe; imperturbable y firme; mientras que el paisaje, envuelto en una luz especial (blanquecina y azulada), la dimensión divina. El pintor contempla a Dios a través de la Naturaleza.

El “escenario natural” que admira el viajero, contiene una serie de elementos sucesivos: niebla, cimas de montañas, y otra franja de neblina que bordea unos valles. Al fondo, divisamos unas cumbres que se pierden en la lejanía. No existe el horizonte. El espacio es ilimitado. Lo cual produce una sensación de algo sublime y eterno; que no se puede explicar con palabras, sino con el sentimiento.

sábado, 1 de septiembre de 2012

La Quinta Angustia de Gregorio Fernández


La palabra “Piedad” se emplea en Historia del Arte, a la hora de identificar una representación pictórica o escultórica, de María con Jesús, muerto en su regazo. Proviene del italiano “Pietà”; que a su vez deriva de la voz latina: “Pietas”. El origen de esta iconografía se considera una invención artística, sustituyendo al Niño Jesús, por un Jesús adulto y fallecido. No procedería de ninguna fuente literaria. Las primeras Piedades (“Vesperbilder”) se remontan a principios del siglo XIV, en Alemania.

Una Piedad escenifica el momento sucesivo al Descendimiento del cuerpo de Cristo, de la Cruz. No debe confundirse con el llanto sobre Cristo muerto; difundido por la pintura bizantina. La “escena” de la Piedad no está descrita en la Biblia. En los primeros prototipos: María apareció sentada, con Jesús difunto, encima de sus rodillas. Este simulacro mariano consiguió popularidad, pasando de Alemania a Francia; gracias a la creación de cofradías marianas y capillas dedicadas a tal efecto. La devoción hacia esta efigie llegaría a Italia, España y los Países Bajos.

Con el paso del tiempo, la imagen acabaría por inspirar algunos escritos religiosos; que contribuirían al auge de su culto. Sirvan dos ejemplos: Santa Brígida de Suecia (1302/3-1373) y San Bernardino de Siena (1380-1444); que trataron el tema de manera personal; ya sea con las visiones de una mística, o con el sermón edificante de un franciscano.

Existen numerosas Piedades famosas. No obstante, al no haber espacio suficiente, he decidido centrar mi atención en una Piedad; denominada: Quinta Angustia. Una talla policromada (146 x 202 cm) con ojos de cristal. Está formada por dos figuras yuxtapuestas: María arrodillada ante Jesús muerto. Un modelo posterior a la contrarreforma católica. Cristo está reclinado en el suelo; apoyando un brazo en la pierna derecha de su Madre. Y ella abre los brazos en un aspaviento de dolor; mirando al cielo; lamentándose por la muerte de su Hijo.

Originalmente la Quinta Angustia se concibió como un alto relieve, que formaba parte del retablo de la capilla de la Soledad; en la iglesia del convento de San Francisco de Valladolid. D. Francisco de Cárdenas encargó esta escultura mariana y el retablo, al escultor Gregorio Fernández (1576-1636), en 1627; mientras que el pintor Diego de la Peña se ocuparía de la policromía.

El convento de San Francisco sería demolido en 1836, por culpa de la desamortización. Sus bienes se repartieron. La Quinta Angustia estuvo perdida, hasta que el historiador Juan Agapito y Revilla (1867-1944), la encontrara en la iglesia de San Martín y San Benito el Viejo (Valladolid); donde podemos verla hoy en día. Y sale a la calle de procesión, desde 1927.

viernes, 15 de junio de 2012

La emperatriz Eugenia rodeada por sus damas de compañía (1855) - Obra de Franz Xaver Winterhalter

 
Este cuadro también es conocido como: “Eugenia de Montijo y sus damas de honor”. Se halla en el Museo del Castillo de Compiègue (Francia). Es una de las obras más famosas, del pintor alemán Winterhalter (1805-1873); el retratista favorito de la realeza europea, de mediados del siglo XIX; y que lograría encargos pictóricos en Rusia y en México.

La exhibición de este óleo sobre lienzo (en su momento), consiguió la aclamación del público. Representa a la última emperatriz de los franceses, a la popular Eugenia de Montijo (1826-1920); acompañada de sus amigas más íntimas; en un “escenario” pintoresco. Un fondo de paisaje silvestre; que nos recuerda el estilo rococó (aunque ya fuera de época). Una prueba de su conocimiento, y de su admiración, por los pintores franceses, precedentes.

Eugenia de Montijo (esposa de Carlos Luis Napoleón) era una mujer inteligente y educada. Además, se distinguió por su belleza y elegancia. Su vestuario fue alabado e imitado, en toda Europa. En esta obra pictórica, como en otras, Winterhalter escogía los vestidos de sus modelos, y la postura apropiada. Este grupo de nueve mujeres, está concebido dentro de una línea imaginaria, que rodea las cabezas de las damas, formando una elipse.

Resulta significativo, que la emperatriz (vestida de blanco y con lazos violetas) esté en la parte izquierda; rompiendo la tendencia académica (que la hubiera situado en el centro). Lo cual demuestra la libertad creativa del artista; que busca un efecto teatral. Unas mujeres que salieron al bosque, a recoger flores. Dispuestas de manera calculada. Dos permanecen de pie; la del vestido amarillo, y la mujer del sombrero.

Las otras féminas aparecen sentadas; menos una, la que se inclina; en la parte central inferior. El cuadro se compone de cuatro zonas: 1ª) la pareja principal (Eugenia y su amiga pensativa); 2ª) el trío de la izquierda; 3ª) la solitaria que recoge flores y 4ª) el trío de la derecha. Hay que tener en cuenta el detalle anecdótico: la emperatriz entrega un ramillete de flores, a su amiga vestida de rosado; que pertenece al trío de la izquierda. Un gesto de honor y estimación, que enlaza dos zonas pictóricas.

Las cabezas y las manos parecen flotar, en la nube colorista de los vestidos; expresando la textura de los mismos, y la gracia de los peinados. El color, el brillo y el intimismo, confieren a esta obra, un romanticismo avanzado en el tiempo; fruto de la madurez y la sensibilidad de este gran pintor.

viernes, 1 de junio de 2012

Fachada de San Andrés (Mantua) - Lo mejor de Alberti


El Concilio de Mantua convocado por el papa Pío II (1458-1464), entre el 27 de mayo de 1459 y el 19 de enero de 1460, valió para enaltecer esta ciudad italiana. Después del congreso, Luis II Gonzaga (Ludovico, o Lodovico Gonzaga; II marqués de Mantua), promovió un plan de mejoras urbanas; entre ellas destacaremos: la refundación de la iglesia de San Andrés (que albergaba la venerada reliquia de la Sangre de Cristo); pavimentación de las calles; construcción de un reloj zodiacal y restauración del palacio municipal.

Luis invitó a varios artistas a su corte. Entre ellos: Andrea Mantegna (1431-1506), Luca Fancelli (c.1430-desp.1494) y Leon Battista Alberti (1404-1472). Fancelli sería el supervisor de las obras arquitectónicas. Todavía sigue siendo un personaje misterioso; ya que hay pocos datos relativos a su vida y a su labor artística. Se sabe que intervino en dos obras albertianas: en la iglesia de San Sebastián (1460) y en la de San Andrés (1472); poco después de la muerte de Alberti. Quedando pendiente por detallar: hasta dónde llegó la alteración de los planes originales albertianos, por parte de Fancelli.

Alberti recibió el encargo de reconstruir la iglesia de San Andrés, sobre el solar de un antiguo monasterio benedictino, del que únicamente se conserva el campanario (1414). El artista era un buen conocedor de la arquitectura romana antigua. En 1452 había presentado su manuscrito: De Re Aedificatoria, al papa Nicolás V (1446-1455). Se convirtió en la primera obra impresa, referente a la arquitectura. En 1485 se imprimió la primera edición latina, en Florencia. Asimismo escribió otros tratados, de pintura y de escultura.

Su capacidad de interpretar los elementos clásicos, fue demostrada en su primera obra: la transformación de la iglesia gótica de San Francisco de Rímini, en el Templo Malatestiano (1447-1450); en el cual incorporó la idea del arco de triunfo, a su fachada principal, renacentista. Si el arco triunfal había sido un monumento para conmemorar las victorias de los emperadores, Alberti le daría otra función: exaltar al cristianismo; como la religión triunfante; en el frontispicio de una iglesia.


En 1470 diseña el proyecto de la nueva iglesia de San Andrés. En su fachada acoplará dos tipos arquitectónicos: el frontón triangular de un templo pagano encima de un arco de triunfo (tripartito). Recuerda al Arco de Constantino de Roma; el mayor de los supervivientes. Si le quitamos el ático, las esculturas y los medallones (en nuestra imaginación); y le ponemos un frontón; sustituyendo las columnas corintias, por pilastras corintias de fustes lisos; sobre altos pedestales; casi lo tenemos diseñado.

Arco de Constantino en Roma

Arco de Augusto en Rímini

No obstante, no podemos olvidarnos del Arco de Augusto en Rímini (27 a. C.); en el cual aparece un pequeño frontón; decorativo. Aunque es el arco memorable más antiguo que perdura, no marcará la pauta posteriormente. En los arcos sucesivos desaparece el frontón. Se rematará insistentemente con un ático; portador de un gran cartel; que publicará el epígrafe de su dedicación.

Alberti combinó varios elementos de manera lógica, recurriendo al número 3. Tanto verticalmente como horizontalmente. Exteriormente, la fachada de San Andrés aparenta 3 pisos en horizontal; sin embargo, en el interior son 2. Los vanos ciegos no conducen a una planta. El arquitecto los situó para conseguir más altura, en el orden colosal, y obtener así una estructura tripartita.